Capítulo 4, Escena 1.0 – Si no tienes una enfermedad venérea, no especules con tenerla
Publicado: Abril 25th, 2010 | Autor: Tito | Categoria: Capítulos | 6 Comentarios »Su charla con Marta había convulsionado sus cimientos. Al entrar en su piso, ese que tanto les había costado comprar, tuvo la extraña sensación de que todo lo vivido en su relación sentimental, y que le había ocupado absolutamente toda su vida adulta, había sido interpretada de forma diferente por ambos lados.
Siempre tuvo la certeza de que ese mundo cerrado donde ambos habitaban era precisamente lo que ambos deseaban. Un alejamiento de la sociedad por considerar que el hombre nace bueno y se vuelve malo cuando entra en contacto los valores sociales. Manuel entendía que la sociedad manipulaba al individuo a ver las cosas de forma diferente a como se sienten, creando una disparidad de criterios causantes de todos los males del mundo. Por eso pensaba que su matrimonio era infalible y, por eso, la súbita ruptura le había resquebrajado sus cimientos. Las ruinas habían sufrido una réplica adicional del terremoto en su última comida con Marta. Un encuentroencuentro que jamás debió producirse pero que él mismo había provocado y deseado con todas sus fuerzas.
Pasados unos días Manuel se dio cuenta de que ya no tomaba ciertos recaudos que formaban parte de su carácter teóricamente conservador. Empezó a saltarse ciertas reglas, no muy importantes, pero que representaban moralmente una metamórfosis. Incluso en su trabajo, donde su método disciplinado contrastaba con su desorden personal, había variado hasta tal punto que su principal colaborador, Tirolin, se había sorprendido ante su nueva conducta.
Se sentía liviano como un alma que vaga en pena y sólo recuperara su masa pesada cuando se acordaba cuando Marta se había indefinido sobre el tamaño de su pene. Ni el amor pasado con ella era capaz de provocarle el hundimiento momentáneo que le producía pensar en el hecho de que Marta le había escondido durante todos esos años que la tenía pequeña.
Manuel sabía que no estaría toda la vida lamentándose. Ya se había ido auto convenciendo sobre varias alternativas para paliar el problema que suponía tenerla pequeña. Desde opciones extremas que pasaban por la cirugía, hasta pedirle a su padre que le prestara su Falomax, o incluso siendo más sesudo, considerar ir a una sicóloga como hacían los pacientes de Marta que tenían el mismo problema. Lo que sí descartó fue buscar una asociación de hombres con ese dilema para hacer piña con tipos con tan mala suerte como él.
Pero antes de pasar a la acción con opciones que no le terminaban de convencer, determinó que no sería mala idea averiguar cuan pequeña la tenía. Porque estaba claro, no era coincidencia, que su mujer de toda la vida le dejara súbitamente y Sonia, la amiga de su hermana, le hubiese tratado tan mal al día siguiente de tener relaciones sexuales. ¿Dos casualidades? No podía ser, y Manuel decidió ignorar la elevada probabilidad de divorcios en su franja de edad y el hecho de que Sonia le había tratado mal también antes de consumar el acto.
Agarró el teléfono y marcó el número de Sonia.
El tono sonó ocho veces y saltó el contestador.
Dejó el teléfono en la mesa bruscamente.
Agarró el ratón del ordenador para ver sus correos electrónicos.
Volvió a mirar el teléfono.
Ocho tonos y contestador.
Sabía que no iba a parar y que se iba a meter en un buen lío, pero cuando uno es un alma en pena, no hay nada que pueda pararte.
Otra vez, ocho tonos y contestador.
Leyó un par de correos.
Miró el teléfono y como si tuviera poderes mentales.
Sonó.
Lo cogió con urgencia y miró la pantalla.
—Diga.
—Manu tienes que parar ya mismo.
—¿De qué me hablas?
—Sonia me acaba de llamar diciéndome que la estás acosando. ¿En qué estaría yo pensando cuando te invité a aquella cena?
—Esa es una buena pregunta.
—Manu te estás volviendo loco, deberías ir a ver a un sicólogo.
—Querida hermanita, dile a Sonia que me llame con urgencia y que no sea inmadura.
—Inmadu …
Manuel colgó el telefono.
Volvió a sonar su teléfono con un rugido superior como si el enfado de la hermana influyera en el tono del móvil. Lo ignoró todo lo que pudo hasta que dejó de sonar.
Sonó nuevamente con mayor estridencia. Se llevó las manos a las orejas y empezó a hacer ruidos con la boca para cancelar el sonido que penetraba como el gas por una rendija.
Pasaron unos minutos donde Manuel movía la flechita del ratón por sus dos pantallas sin realmente hacer nada productivo, excepto en un momento dado levantar una nalga para soltar un pedo sonoro.
El teléfono le sobresaltó nuevamente quebrantándole la paciencia por completo.
—Hasta que no le digas a Sonia que me llame no quiero que me des lecciones …
—Manu.
—¿Quién es?
—Sonia …
—Ah … ¿qué quieres?
—Estás de broma ¿no?
—No
—Pero si me has llamado tu, que tío.
Se hizo el silencio en el que Manuel podía oír su corazón rebotándole en la cabeza.
—Bueno tu hermana me ha dicho que me has llamado inmadura –dijo con cierto tono de indignación. Manuel, por casualidad, había encontrado un punto débil en esa mujer, lo que le daba una ventaja importante para poder quedar con ella.
—Sí, creo que no contestar al teléfono es bastante infantil por tu parte, y si tuviera una enfermedad venérea –se arrepintió al instante de haber dicho semejante estupidez.
—¿Tienes una enfermedad venérea? —dijo ella alarmada.
—No –se apresuró a corregir —. Sólo era un supuesto.
—No te entiendo.
—Bueno, mejor quedamos y te lo cuento en persona.
—No, no, dime si hay algo de lo que tengo que preocuparme ahora.
—No, pero tengo que hablar contigo.
—Si no recuerdo mal utilizamos condón –pensó ella en voz alta.
—Sí, sí, usamos condón … creo —recordó que ya casi no recordaba ni haber tenido relaciones sexuales con aquella mujer.
—Entonces, por qué debería preocuparme si tienes una enfermedad venérea –dijo como si fuese una piedra.
—No, no deberías. Pero yo tampoco tengo ninguna enfermedad venérea … que yo sepa.
—¿Qué tu sepas? … ¿qué es esto una broma de mal gusto? … Estoy trabajando y me estas preocupando.
—Entonces quedemos cuando salgas de trabajar.
—Esta semana no puedo, llamame la que viene y nos vemos—le colgó.
—Estu … pendo —terminó de deshincharse como un globo.
Después de colgar el teléfono se puso tan nervioso que las manos le empezaron a sudar. Necesitaba hablar con alguien con urgencia sobre lo que acababa de pasar. Con su hermana no podía y con Carlos era peligroso. Sólo se le ocurrió llamar a Gabi.
—Hola Manu.
—Hola ¿puedes hablar?
—Más o menos, estoy trabajando ¿qué pasa?
—Nada, te lo cuento en persona ¿puedes quedar para comer?
—Imposible tengo una comida de trabajo que no puedo cancelar.
Se empezó a impacientar.
—Si quieres podemos quedar hoy después de trabajar …
—No.
—Vaya.
—No te preocupes, mañana te llamo y quedamos así te podré contar toda la historia completa.
—Vale, un beso.
Otra vez le colgaron.
—¿Como lo hacen?

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repites encuentro “Un encuentroencuentro que jamás “.. se llama su colaborador ¿”Tirolin”? vaya nombre más raro..
Porque uno de los secretos no desvelados es en que trabaja Manu y porque su socio tiene ese nombre tan raro. Es una parte que no se si incluir en la versión final del libro para no abrir dos tramas.
No estaría mal saber a que se dedica Manu, siempre está delante de su ordenador y parece que hasta tiene dos pantallas.
Muy divertida la conversación entre Manu y Sonia!
Lo de su profesión puede que lo incluya si veo mucho interés en el tema, aunque casi obliga a una historia paralela que quería evitar, pero bueno, manda la audiencia