Welcome to La tengo pequeña

Featured Post

Capítulo 3, Escena 1.0: Borrachera, sexo y flipe
                  Sonó un despertador ajeno y a Manuel le explotó la cabeza en mil pedazos. Abrió un ojo y se encontró en un lugar extraño. La cabeza le dolía y pudo constatar que las frondosas sábanas...
Read More ...


Comment

Comment here if you like this plugin.

Member Login

Sign Up Now!

captcha image

Forgot Password !

New password will be e-mailed to you.

Powered by
Una novela online sobre un pene pequeño o "chochos" muy grandes, depende de a quien le preguntes y su estado de ánimo

Capítulo 4, Escena 3.0 – Si vas a hacer algo inmoral, que por lo menos no sea premeditado

Publicado: Mayo 16th, 2010 | Autor: Tito | Categoria: Capítulos | 4 Comentarios »

Durante la noche tuvo unas visiones que no sabría si catalogar como sueños o simplemente como una recreación semi consciente e intencionada de lo que Carlos le había contado. En sus visiones nocturnas era el quien se acostaba con esa hermosa mujer holandesa entrada en edad. La experiencia había sido tan real que Manuel había hecho la historia de Carlos más suya que del propio cubano, o la historia se había adueñado de los dos y de todos aquellos que la escuchan, esclavizándolos de tal forma que vivir sin ella era una desgracia.
Pero en realidad era esclavo de una historia que tenía un dueño. Se dio cuenta de que el no podría solventar sus problemas hasta que no tuviera su propia historia una de la cual fuese esclavo y amo a la vez.  Decidió que debía esclavizarse y adueñarse de una historia que le hiciera volver a su estado donde el tamaño de su pene no era una preocupación.
Recordó que Carlos no había vuelto a su estado anterior, en práctica sí, pero no en teoría. Su visión de las cosas relacionadas con las mujeres y el sexo había cambiado para mejor, la eyaculación precoz había sido como una bendición que le había llevado a tomar una decisión drástica que le había elevado a otro plano. Ya no tenía eyaculación precoz y además disfrutaba de las mujeres en comunión con ellas y no de forma egoísta.
Por esa regla de tres, una decisión drástica como acostarse como una anorexia o una enana no sólo le podría devolver a su estado mental anterior a su paranoia con el tamaño de su pene, sino que podría tener efectos incluso más positivos. El paralelismo entre ambas situaciones era tan fuerte que no cabía duda, debía buscar esa situación rocambolseca que le sacara de su miseria.
Miró el reloj, se levantó de un salto de la cama y se duchó a toda prisa. Repentinamente sentía ansia por ir a comprar el periódico a la esquina e invitar a Lourdes y su condición de enana a una cita inusual, la segunda en poco tiempo si contaba la cita a ciegas con Gabi.
Se vistió más decentemente que de costumbre y se peinó su pelo negro rebelde hacia un lado. Parecía un niño a punto de hacer la comunión que se ha cagado encima. Aunque no estaba conforme con lo que veía se dijo que estaba bien así para pedirle una cita a Lourdes.
Salió a paso ligero del portal y detuvo el paso al llegar a la esquina. El quiosco estaba atestado de gente e intentó disimular para que se despejara. Puso pose de turista perdido, lo que en lugar de camuflarle le delató.
—¿Qué haces ahí pasmado? —oyó vociferar.
Levantó la vista y vio a Lourdes rodeada de gigantes mirándole con una larga sonrisa. Se acercó al quiosco mientras Lourdes iba ágilmente dando cambio a quienes agarraban el periódico sin el cambio exacto.
—¿Lo de siempre?
—No, no, hoy quiero comprar algo más para leer. Voy a ver que tienes.
Se sorprendió ante la respuesta de Manuel que era más previsible que un reloj de aguja suizo.
—Tenga, su cambio –dijo al último cliente.
Manuel empezó a canturrear levemente dejando escapar aire entre sus labios y provocando que estos se movieran a gran velocidad arriba y abajo. Lourdes le miraba extrañada.
—¿Qué pasa? —preguntó Manu al ver cómo le observaba Lourdes
—Hoy te veo raro ¿qué te has hecho en el pelo? Con lo bien que te queda despeinado.
—Ah sí … no sé.
—Ven aquí.
Manuel se acercó.
—Agáchate hombre que soy pequeñita.
Manuel obedeció como lo habría hecho Carlos en su historia. Cuando estaba creyendo que se iba a dejar llevar, Lourdes le agarró la cabeza con las dos manos, puso a prueba su elasticidad lumbar tirando de él. Notó como las pequeñas manos de Lourdes torpemente le removían su cuero cabelludo.
Levantó la vista aún bajo los torbellinos de Lourdes. Vio el escote. Cerro lo ojos e intentó oler el perfume, pero se encontró con olor a café y sobaco sudado.
Volvió a abrir los ojos, ahí seguía el dichoso escote con uno pechos pequeños pero proporcionados al cuerpecito de Lourdes.
—Así.
Manuel se incorporó y ella empezó a reírse como una loca. Manuel se giró sobre si mismo y se vio reflejado en el cristal del local comercial delante del quiosco.
—Joder, parezco un punk.
Lurdes volvió a reír.
Se giró sobre si mismo.
—Oye, aceptarías una invitación a cenar.
Lourdes paró en seco su carcajada chillona y como un ratoncito veloz se metió dentro del quiosco.
Manuel quedó desconcertado, sólo y con los pelos de punta delante del quiosco fantasma.
—¿Lourdes?
—Tengo mucho trabajo, luego hablamos –dijo una voz con eco desde dentro del cubiculo.
Manuel tomó el atrevimiento de asomarse en el escondrijo donde se había metido Lourdes. Se la encontró intentando abrir una caja de revistas con manos nerviosas. A Manuel le pareció haber bajado a los mundos de Williber y ahora era un gigante rodeado de enanitos y sus cosas enanitas.
—Perdona, solo quería …
Lourdes le apartó y salió cargada con revistas y su brazo mecánico para colocarlas en lo alto del toldo.
—Deja que te ayudo.
—Ya puedo sola— respondió inquisitivamente.
—Lourdes, lo siento, no quería molestarte, igual tienes novio, no lo sabía y no quería ofenderte.
Lourdes no dijo nada y siguió maniobrando torpemente con su brazo mecánico. Manuel agarró la revista que estaba al final del chisme metálico y la desenganchó para colgarla donde se suponía que Lourdes intentaba hacerlo.
—Bueno, me voy, no quería ofenderte.
Manuel dejo un euro y diez encima del mostrado al lado de la cuevita y se fue con paso lento pero firme.
—Manu.
—Sí.
—Acepto. Pásate por aquí a buscarme esta noche a las nueve y media.
Manuel hizo gesto de afirmación y siguió su camino.
Lourdes le vio de espaldas. Le pareció que no podía ser que ese tal Manu, que hace dos días venía a comprar el periódico con una mujer de estatura normal y hermosa ahora le pidiera a ella, una enana, el ir a cenar juntos.
—No te llames enana –se dijo en voz alta.
Evidentemente algo no cuadraba, algo no estaba en su sitio. Las mujeres como ella pronto descubrían en la vida que el príncipe azul nunca vendría a por ellas, y que a lo mucho que podían aspirar es a que tipos con síndrome de pederasta reprimido las invitaran a follar para satisfacer sus deseos de estar con menores.
Lourdes adoraba a esos gigantes. Había estado con otros hombres de su talla, pero el tema de la estatura era un tema recurrente de charla y Lourdes se negaba a ver la vida como una enana envidiosa de la gente que supuestamente era normal. Con la cantidad de hombres “normales” con los que se había acostado, que le habían pedido que se vistiera de niña que estaba jugando en un parque. Tanta absurdidad le había demostrado que muchos de los “normales” de estatura no lo eran de cabeza. Porque debería sentirse inferior si la genética le había dado ese cuerpo y ella no había podido hacer nada para remediarlo. Sin embargo, aquellos tipos eran dueños de sus vidas y estaban todos mal de la cabeza. Siempre se consolaba con el hecho de que por lo menos estaba con tipos que físicamente le agradaban ya que por desgracia los de su talla no le convencían. Había pocos como ella, que se había quedado pequeña pero sus facciones faciales no estaban tan deformadas, de hecho en las fotos donde solo salía su cara era imposible saber si era enana. Sus manos, aunque un poco mas gordas de lo normal, eran también bastante proporcionadas para una mujer de estatura media, y en si todo su cuerpo había quedado más como el de una niña que el de una enana. Eso había sido una ventaja para atraer a todos esos degenerados.
Manuel no era uno de esos, podía percibir su inocencia y por eso su invitación aún era más desconcertante. Buscaba solo alguien con quien cenar o realmente había un interés sexual. La experiencia de Lourdes le decía que la invitación solo podría buscar el sacar un polvo, pero este Manuel estaba hecho de otra pasta y quizá la parte sexual no estaba contemplada en la ecuación. Este ultimo pensamiento le disgustó, pues no dudaría ni un segundo en entregarse a ese tipo desaliñado que siempre había sido tan amable, con esa adorable timidez era el único que siempre le ponía las revistas en el toldo al verla pelearse con el brazo mecánico.
Manuel sintió como la mirada de Lourdes le seguía hasta que giró en la esquina. Al desaparecer de su campo de visión se sintió aliviado y perturbado a la vez. Dudó sobre lo que estaba haciendo. Lourdes no le gustaba físicamente, nada que ver con la imagen de la holandesa de la historia de Carlos. Aunque recordó que el propio Carlos se había disgustado al verla y fue después cuando su percepción había cambiado.
Pero y el olor a café y sobaco que emanaban de Lourdes …, pensó.
Siguió avanzando por la calle dudando incluso de la moralidad de lo que estaba intentando hacer. Su idea era macabra y hasta de un egoísmo inusitado. Conscientemente se iba a intentar acostar con una enana, sin pensar en sus sentimientos, para satisfacer su necesidad de creer que tenía un pene grande. Sin saberlo, se estaba colocando al nivel de los cerdos con los que se topaba Lourdes en sus encuentros sexuales con tipos de estatura normal.

Ir a Capítulo 4, Escena 4.0


4 Comentarios on “Capítulo 4, Escena 3.0 – Si vas a hacer algo inmoral, que por lo menos no sea premeditado”

  1. 1 La Tengo Pequeña » Blog Archive » Capítulo 4, Escena 2.0 – No existen las ideas descabelladas, sólo cerebros incapaces de procesarlas dijo a las 1:19 am en Mayo 17th, 2010:

    [...] Ir a Capítulo 4, Escena 3.0 Share [...]

    [WORDPRESS HASHCASH] The comment’s server IP (205.186.187.129) doesn’t match the comment’s URL host IP () and so is spam.

  2. 2 mikelgnz dijo a las 11:58 pm en Mayo 18th, 2010:

    algo inmoral? es mas bien algo “por necesidad” je,je.

  3. 3 Rafael Junquera dijo a las 3:58 am en Mayo 19th, 2010:

    Inmoral porque sus intenciones son deshonestas, no se la quiere tirar porque le guste o porque quiera que ambos disfruten. En su plan, los sentimientos de Lourdes no importan un pimiento. Si la tiene pequeña que no use a nadie con problemas bastante mayores como ser enano en todo para poder intentar paliar un problema propio. Se me salió la cadena aquí con esta explicación, jeje

  4. 4 mikelgnz dijo a las 9:02 pm en Mayo 19th, 2010:

    no es que estuviese en desacuerdo, era solo un comentario.. los hombres somos un poco patéticos cuando estamos en “época de celo” ..


No te cortes y comenta

  • Acceder con Facebook

    Powered by WP Hashcash