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Capítulo 1, Escena 1.0: Que te dejen con piropos duele más que una patada en la entrepierna
                  — Me siento vacía … como no si no sintiera nada—dijo Marta entre sollozos mientras fijaba la vista en una imperfección que sobresalía de la mesa de madera del comedor.— No me llenas Manu …...
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Una novela online sobre un pene pequeño o "chochos" muy grandes, depende de a quien le preguntes y su estado de ánimo

Capítulo 4, Escena 5.0: ¿Cómo se sabe si un “chocho” es grande?

Publicado: Mayo 17th, 2010 | Autor: Tito | Categoria: Anuncios | 4 Comentarios »

Llegaron a un bar cerca del restaurante. Unas escaleras bajaban al subsuelo donde un local bastante amplio se extendía hasta llegar a una mini sala de baile. La barra de forma ondulada ocupaba uno de los laterales del local casi de extremo a extremo, y una mesa de billar resaltaba iluminada en una de las esquinas.
Manuel dudó unos instantes entre ir a la barra o a una mesa. Al ver la altura de las banquetas decidió que Lourdes estaría más cómoda en una silla donde pudiera apoyar los pies en el suelo.
Lourdes se sentó intranquila siguiendo el ofrecimiento de Manuel que gentilmente le había separado una silla de una de las mesas alejadas de la mesa de billar donde la luz ambiente era más tenue. Ella se sentó dando un saltito y dejó sus pies colgando.
—¿Qué quieres tomar? —le preguntó Manuel.
—Martini con limón.
Se dirigió a la barra y pidió el Martini con limón para Lourdes y un vodka también con limón para él que en el último momento decidió cambiar por ginebra con limón.
—Esto sube más rápido –dijo como si fuese un médico auto recetándose. La camarera le devolvió una sonrisa y Manuel tradujo como: “que buen tipo eres saliendo con esa media mujer”.
Agarró las copas con sus intestinos retorciéndose, pagó y se dirigió rápidamente a la penumbra del local mientras notaba como la camarera seguía mirando para ver que iba a pasar después.
Le puso la copa en el borde de la mesa para que pudiera llegar y se sentó justo a su lado para que le pudiera oír bien. La confesión que iba a realizar podría suponer que jamás en la vida pudiera volver a comprarle el periódico a esta mujer y tener que desplazarse dos manzanas para irlo a comprar a otro quiosco. Lo peor, de todas formas, sería verla marcharse indignada y con dolor por culpa de una irresponsabilidad como aquella.
Lourdes se acercó a la punta de la silla para apoyar los pies en el suelo y así poder apalancarse para levantar la copa con ambas manos. Manuel quedó sorprendido con la habilidad de Lourdes para maniobra a gran velocidad para utilizar mobiliario y utensilios que claramente no tenían ninguna consideración con el tamaño de su ser.
—No sé cómo empezar –dijo por fin Manuel.
Lourdes le sonrió animándole a hacerlo que cualquier forma.
—Lo cierto es que … —Miró de lado a lado y luego quedó fijamente mirando el interior de su copa.
—¿Qué? No tengas miedo, créeme que me han dicho cosas terribles a lo largo de mi vida.
—Me lo imagino –respondió apresuradamente cuando en realidad no tenía ni idea de a que cosas horribles se refería.—Quiero decir … que en realidad no tengo ni idea de que cosas horribles te han podido decir ni por qué.
—Cuéntame, no todos los días un cliente habitual que hace dos días venía con su preciosa esposa a comprar el periódico me invita a cenar. Tiene que haber una buena excusa.
—Sí, tengo una excusa, lo que sucede es que no es muy … decorosa –dijo con mueca retorcida.
—Vamos Manu, que tu puedes –le llamó la ℅ la manera en la que Lourdes le había llamado a Manu y como le había animado a cantar como un pajarito. Llevado por ese animo se lanzó a la piscina. Le relató a una interesada Lourdes como su matrimonio se había roto casi de un día para otro. Ella se sorprendió cuando Manuel le dijo que antes de separarse solo había estado en la cama con su mujer.
—¿En serio? –le había preguntado ella en la única vez que había interrumpido su historia, pensando que ella era incapaz de poder rememorar todos los hombres con los que había estado y con los que le quedaban por estar. La vida estable no estaba hecha para gente de su tamaño, algo que en los colegios de tendencias católicas no está contemplado porque Dios es ciego con todo lo que mide menos de metro y medio.
Le explicó como había intentado olvidar a su mujer con otras citas, siendo una de ellas con un gay con el que ahora había entablado una amistad muy interesante.
—Pero con él no me acosté, que conste.
En este punto Manuel detuvo la historia para dejar que Lourdes pudiera desahogar su risa. Siguió con su relato introduciendo a Carlos, un semental, y como había solucionado su problema de eyaculación precoz.
Llegó el momento de explicarle su propio problema y cómo había decidido solucionarlo acostándose con una mujer pequeña de estatura para que esta le dijera lo grande que la tenía, una cuestión de perspectivas.
—Mi cita contigo, aunque no lo creas intenta replicar la solución de Carlos.
—¿Tienes eyaculación precoz y lo querías solucionar conmigo?
—No, no, yo no tengo eyaculación precoz —dijo sorprendido ante la reacción calmada de Lourdes.
Ella sonrió como aliviada.
—Yo la tengo pequeña.
—Tienes eyaculación … pequeña.
—No, no, … ¿que es eyaculación pequeña?
—No tengo ni idea, lo has dicho tu –dijo Lourdes sonriendo.
—¿Yo? Me refería a que la tengo pequeña, la porra.
Lourdes se desparramó de la risa.
Manuel no sabía donde meterse.
—¿La porra?
—Ya sabes.
—Sí señor agente —dijo en tono grave llevándose la mano a la frente saludando como un militar que se cruza con un superior.
A Manuel no le hizo gracia que se llevara la conversación al absurdo y la burla.
Lourdes dejó de reír en seco. Había estado con tantos hombres, con penes de todos los tamaños y nunca se había encontrado con ninguno que le confesara algo así. De hecho hasta los que la tenia pequeña hacían referencias a su gran miembro y como a ella le gustaba comérselo.
—¿Cómo sabes que la tienes pequeña? Y ¿cómo iba yo a ayudarte a que te creciera? –dijo riendo ante esta última pregunta.
Manuel se vio sorprendido ante ambas preguntas ya que las dos le parecían tener respuestas obvias dado el debate que ya había mantenido consigo mismo tantas veces a raíz de la sugerencia de Carlos.
—Porque me la he medido en erección y porque al ser tu pequeñita de estatura te iba a parecer que es grande y eso me subiría la autoestima –dijo sorprendido con su propia crudeza.–O eso me aconsejó Carlos—terminó de decir para suavizar su g rado de culpabilidad-
Lourdes le miraba fijamente en estado neutro, como un conductor en un atasco que pisa el embrague porque no sabe si debe seguir en tercera o bajar a segunda. Se empezó a sentir muy incómodo con esa mirada. Dio un sorbo nervioso a su copa y cruzó sus ojos con los de Lourdes, que seguía sin decidirse a cambiar de marcha.
Penetro el cristal de sus gafas y entró en su cabeza. Definitivamente este hombre era como un niño mayor, un tipo poco afectado por la contaminación de los adultos y sus vicios ocultos. Era extraño enfrentarse a un hombre de estas características que no fingían ser un inmaduro total en temas de relaciones humanas, siendo inmaduro el mejor de los piropos.
“Quiéen pillara a un tipo como éste”, pensó.
Entendió que ella no estaba allí para pescarlo en exclusividad. Sabía que de Manuel se podía enamorar a pesar de tener una personalidad a medio hacer, pero también era consciente de que ella estaba muy contaminada de sus incontables relaciones, muchas de las cuales entraba en categorías estrambóticas. Incluso había rodado una escena pornográfica cuando era más jovencita para ganarse un dinero y para poder estar con un hombre de talla normal. Por suerte en aquella época no había Internet y aquellas fotos podrían estar en algunos cajones de hombres que serían incapaz de reconocerla ya que para la grabación se había teñido de rubia.
No podía ni siquiera soñar con conquistar a ese hombre. Pero si podía pasar una noche con él, por qué no. Si encima eso le ayudaba a ambos. El igual se podría quitar un poco de su problema, y aunque no sabía cuan pequeña la tenía, la energía de ese ser humano tiraba tanto o más que el pene de Malif, un negro africano que la tenía como un caballo y con el que realmente se había sentido incómoda al tener relaciones a pesar de que al ver el pene de ese hombre casi tiene un orgasmo.
Lourdes puso tercera al ver que Manuel no sabía ya donde mirar. Dibujo una leve risa que no se terminaba de posicionar y que dejaba a Manuel con la esperanza de que ella no se había enfadado.
—¿Cómo sabes que no tengo un chocho enorme?
Manuel levantó las cejas y ambos se empezaron a reír como animales.
—No sé, ¿cómo sabéis si tenéis un chocho enorme?—Lourdes volvió a reír ante semejante pregunta.
—Si quieres te lo enseño y juzgas tu mismo.
Manuel se fijó las gafas encima de su tabique nasal.
Ella volvió a reír como si el comentario fuese medio en broma medio en serio, que es signo de que tiene que ser el otro quien tiene el poder de decidir en que lado de la valla cae el comentario.
—¿Me lo enseñarías?
Ella asintió.
—¿A pesar de que sabes que sólo me quiero acostar contigo para subirme la autoestima?
Volvió a asentir.
Miró las copas semi vacías justo a tiempo cuando empezó a sonar la versión disco de “I Am What I Am”. Manuel se levantó tendiéndole la mano a Lourdes.
—Vamos a pasarlo bien.


4 Comentarios on “Capítulo 4, Escena 5.0: ¿Cómo se sabe si un “chocho” es grande?”

  1. 1 La Tengo Pequeña » Blog Archive » Capítulo 4, Escena 4.0 – Si alguien te avergüenza es que te avergüenzas de ti mismo dijo a las 1:21 am en Mayo 17th, 2010:

    [...] Ir a Capítulo 4, Escena 5.0 Share [...]

    [WORDPRESS HASHCASH] The comment’s server IP (205.186.187.129) doesn’t match the comment’s URL host IP () and so is spam.

  2. 2 mikelgnz dijo a las 12:13 am en Mayo 19th, 2010:

    juaas.. pensaba que yo era inocente con las chicas.. veo que todavía se puede ser más inocente..

  3. 3 mikelgnz dijo a las 12:16 am en Mayo 19th, 2010:

    Por cierto, los títulos de los capitulos me gustan ^_^ casi les podrías quitar la historia y te harían todo el libro..

  4. 4 Pancho dijo a las 1:05 pm en Mayo 21st, 2010:

    Juas! con el título


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