Welcome to La tengo pequeña

Featured Post

Capítulo 3, Escena 5.0: Si escribes una carta de amor, asegúrate que la lee un buen amigo antes de enviarla
                  Después de despedirse del rumano con un abrazo en la puerta de la cafetería, a Manuel se le quedó un cuerpo descompuesto. El hombre se volvía a ir a su país, dejando detrás la pesadilla...
Read More ...


Comment

Comment here if you like this plugin.

Member Login

Sign Up Now!

captcha image

Forgot Password !

New password will be e-mailed to you.

Powered by
Una novela online sobre un pene pequeño o "chochos" muy grandes, depende de a quien le preguntes y su estado de ánimo

Capítulo 6, Escena 1.0: Si crees que por tocar fondo vas a empezar a subir es que no has considerado la opción de seguir escarbando

Publicado: Junio 20th, 2010 | Autor: Tito | Categoria: Anuncios | Sin Comentarios »

La sensación de querer ser invisible que arrastraba desde que era niño parecía atenuarse cada vez que ponía su maquinaria física en movimiento. Hasta su cerebro dejaba de prevalecer en sus acciones y el instinto le hacia reaccionar a situaciones en las que con anterioridad sólo habría sido un espectador o un témpano de hielo. Dos días antes había parado el tráfico en la Avenida Madrid, con cinco carriles en una dirección abarrotados de conductores impacientes y mal educados para ayudar a una mujer con taca-taca a cruzar la calle.

—Hay que ser un atleta olímpico para cruzar este semáforo –le había dicho la mujer ante la atenta mirada de todos los conductores cuya impaciencia en el rostro no se amortiguaba por ver a la pobre anciana cruzar con dificultades.

Sonaron los claxon que resbalaron por la piel de Manuel y la anciana como si ambos estuviesen rociados de aceite para coches.

—Gracias joven, gracias de corazón.

—Es un placer.

Se dirigió ágilmente a la mesa del comedor donde vio su teléfono móvil movido de sitio. Miró con extrañeza a su alrededor, como si el chino de la Pantera Rosa estuviese escondido detrás de una puerta y le fuese a saltar al cuello en cualquier momento.

—Marta … —dijo absurdamente.

Redundo en su absurdidad esperando a que hubiese una respuesta.

Andó tres pasos.

—Marta … —insistió

Se acercó a la mesa y sin tocar el teléfono intentó mirar en su pantalla que no estaba activada. Toco una tecla con cuidado para no borrar las huellas dactilares de la persona que lo había movido de sitio.

—Joder, 12 llamadas perdidas –exclamó mientras lo cogía para ver quien le había llamado con tanta insistencia. La mayoría de llamadas eran de su madre y un par de su hermana.

Volvió a su mundo de tinieblas, oscuridad e inexistencia. El corazón se le aceleró; le vino a la cabeza su abuelo.

—No, el abuelo no.

Tocó la pantalla táctil para llamar primero a su hermana. Se llevó el teléfono a la oreja dejando unos dos centímetros de separación con su cabeza, protocolo que seguía para asegurarse que las radiaciones no le plantaban las semillas para un futuro tumor cerebral.

—Manu … por fin.

—¿Qué ha pasado, tengo un montón de llamadas de mamá?

—No te asustes.

—Buf—resolpló—Me acabo de cagar ¿que ha pasado? ¿Es el abuelo verdad?

—No, peor.

—¿Cómo que peor?

—Es Papá.

—Ay Dios, le ha dado un infarto.

—No.

—¿Me cago en mis muertos me puedes decir que le ha pasado de una vez?

—Ha tenido un accidente esta noche.

Manuel resopló sin dar crédito a como su herman le estaba adornando con suspense lo que le había sucedido a su padre.

—Esto no se hace, o me dices que le ha pasado, o no te hablo en mi vida.

—Es que no es fácil de explicar …

—Tía –dijo indignado Manuel —. ¿Se ha muerto?

—No, hombre.

—Como que “no hombre” …

—Ha sido un accidente domestico muy peculiar.

Manuel se sentó en el sofá sin fuerzas, el chute de adrenalina combinado con el esfuerzo en el gimnasio le dejó seco de energía vital.

—¿Estas?

—Por poco tiempo –dijo Manuel sin fuerzas.

—Lo mejor que puedes hacer es venir al Clínico.

—Ah, esta ingresado, cojonudo –dijo falto de aire.

—Manu ¿estás bien?

—Serás cabrona.

—Eso págalo conmigo, yo también me he dado un susto cuando me ha llamado mamá.

—Ah y por eso me lo haces pasar a mi.

—Pero si ya te he dicho que no tiene nada.

—No me has dicho nada –recupero la energía de golpe —. Sólo me has dicho que ha tenido un accidente y que esta ingresado, y aun no se ni por qué.

—Cuando te pones así, no se puede hablar contigo. Te tengo que dejar, me llama mamá.

Manuel bufó.

—Te recomiendo que vengas al Clínico lo antes posible.

—¿Pero corre su vida peligro?

No escucho nada al otro lado.

—Joder, joder y joder.

Y su móvil de cuatro cientos euros salió volando por la habitación y fue a estrellarse contra la pared del salón desconchando la pared. El teléfono cayo de una pieza al suelo. Lo miro indignado con su hermana y consigo mismo. No tenía fuerzas de levantarse a recogerlo cuando empezó a sonar de forma extraña. Hizo un esfuerzo sobre humano por levantarse y articular sus bisagras para agacharse para contestar, si es que el extraño sonido que emitía su móvil era producto de una llamada entrante.

—Hijo menos mal que te encuentro.

—Espera que me siento.

Así como su madre y el se parecían físicamente, el carácter de su madre lo había heredado su hermana.

—Ay hijo no sabes que susto.

—No mamá, no lo se porque aún no se que le ha pasado a papá.

—Pero si tu hermana me ha dicho que te lo acaba de contar.

Manuel miró el pequeño agujero que había hecho su móvil en la pared. Pensó en la fuerza con la que debía lanzarlo para derrumbar todo el tabique.

—Hijo ven al Clínico a ver a tu padre.

—Joder, mamá, ¿se está muriendo papá? —pregunto Manuel entre sollozos secos más producto de la desesperación por la comunicación con las hembras de su familia que producto del posible disgusto que le podía producir el desconocido accidente de su padre.

—Ay hijo, tu padre y sus inventos, ya sabia yo que no podían ser buenos.

—Mamá, voy para el Clínico, como a papá le hayan sacado una muela, tu y mi querida hermana terminareis ingresadas con el en el hospital y … y yo terminaré en el depósito de cadáveres.

—Pero que cosas dices hijo, está claro que has heredado la locura de tu padre.

—Nos vemos –y la madre colgó antes de que lo pudiera hacer él.

—Maldita …




No te cortes y comenta

  • Acceder con Facebook

    Powered by WP Hashcash