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Capítulo 6, Escena 1.0: Si crees que por tocar fondo vas a empezar a subir es que no has considerado la opción de seguir escarbando
                  La sensación de querer ser invisible que arrastraba desde que era niño parecía atenuarse cada vez que ponía su maquinaria física en movimiento. Hasta su cerebro dejaba de prevalecer en sus acciones y el instinto...
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Una novela online sobre un pene pequeño o "chochos" muy grandes, depende de a quien le preguntes y su estado de ánimo

Capítulo 6, Escena 2.0: Si tu pene es el centro de tu vida, ¿qué pasa si se rompe?

Publicado: Junio 20th, 2010 | Autor: Tito | Categoria: Anuncios | 3 Comentarios »

Llegó al Clínico sobre saltado y muy cabreado por no saber a que se iba a enfrentar en ese hospital donde estaba su padre ingresado por una dolencia que desconocía y, por lo tanto, no podía cuantificar en cuanto al nivel de preocupación que debía organizar en su cerebro. La sensación era agotadora, tanto que Manuel sintió que le temblaban las manos al pagar al taxista que, para más cachondeo no le había parado de hablar del como su padre había muerto de cáncer. Había tenido la osadía de decirle al taxista, en tono irónico, como no podía ser de otra forma a menos que uno se quisiera matar a mamporros con su pareja de viaje, que era muy acertado por su parte hablarle de enfermedades terminales cuando él se estaba desplazando a un hospital.

Intentó subir las escaleras de dos en dos, pero se quedó sin respiración a medio camino y todo lo que había ganado lo perdió con la pausa a medio camino para recuperar el aliento. Se vio pasar a si mismo por su lado diciéndole: no hacia falta subir de dos en dos a toda leche, ves ahora te supero  la mar de feliz.

—Si te agarro …

—¿Se encuentra bien? —le dijo una mujer gordita en bata blanca que subía detrás de él.

—¿Hay alguien que venga aquí que se encuentre bien?

La mujer sonrió. A Manuel le pareció familiar

—Vamos que le ayudo a subir, ya queda poco.

—Gracias  -dijo Manuel al llegar arriba agarrado el brazo por la amable mujer.

—¿A qué colegio ibas en EGB?

—No soy originaría de Barcelona—contestó ella.

—Ah, juraría que te conozco, no sé debe ser el estrés —.

Ella sonrió ante la extraña asociación entre el estrés y creer conocer a alguien.

—En realidad nos conocemos—dijo ella cuando él ya se iba a dar la vuelta.

—¿En serio? Ya decía yo.

Ambos se miraron.

—No caigo, de qué nos conocemos ¿de la boda de mi hermana?

—No, tu estuviste en urgencias hace unas semanas y yo tuve el placer de suturarte un corte en cierta zona …

Manuel se dio media vuelta y entró al Clínico sin despedirse de la doctora. Buscó el mostrador de información sumido en una horrible pesadilla. Una mujer con gafas de culo de baso le miró como quien mira a un pez extraño en la pecera.

—¿Voy despeinado? —preguntó esbozando una sonrisa. Esa era una característica de Manuel, cuando las cosas se acercaban al desastre le aparecía ese humor incomprendido. La mujer ni se inmutó ante el comentario.

—Lleva usted un peinado muy moderno –le dijo una voz sonriente a su espalda.

Se giró y vio a la mujer que le acababa de ayudar a subir las escaleras, la misma que le había cosido el corte en sus partes y a la misma a la que había preguntado si creía que la tenía pequeña. Manuel estuvo a punto de ponerse de todos los colores pero los ojos azules de la doctora le rescataron.

Quedó hipnotizado.

Ella le sonrió para elevar el hechizo.

Devolvió la sonrisa por un breve segundo y luego volvió a su semblante serio con el que había aterrizado al pie de la escalera. Se percató de que estaba perdiendo el tiempo y de que estaba en ese sitio con una tremenda urgencia por ver que hostias le había pasado a su padre.

Se volvió a girar para ver a la mujer de las peceras oculares.

—Dígame en que puedo ayudarle, que le veo apurado –dijo la doctora que se había empeñado en rescatarle a cada paso que daba—. Carmen ya le hecho yo una mano a este señor.

—Como quiera doctora.

Manuel se sintió alagado de que una doctora dejara sus tareas diarias para ayudarle, especialmente una que le había visto con los calzones en las rodillas y su micro pene.

—¿No tiene pacientes que atender? —dijo torpemente.

La doctora levantó la vista sin perder la sonrisa.

—En realidad … quise decir que …

—Estoy en el descanso de mi almuerzo. ¿dime a quien esta buscando?

—Al señor Antonio Romero.

La doctora tecleo el nombre en un ordenador.

—¿Dice ahí por qué esta ingresado?

La doctora ignoró el comentario mientras movía los ojos rápidamente de lado a la como el Inspector Gadget.

—Esta en urología.

—¿Pero dice por qué esta ahí?

—Tendrá un problema urológico.

Manuel frunció el ceño sin entender el comentario. Parecía que todo el mundo quería esquivar sus preguntas referentes a su padre como en una conspiración. Miró a su alrededor con serias dudas.

—¿No será esto parte de un reality titulado jodamos a Manuel?

—Vaya a la planta dos y pregunte allí en el mostrador por su padre. Al no estar en la UCI no debería ser nada grave –le dijo la doctora con voz calmada.

—Gracias –dijo Manuel mientras miraba a la doctora y después dirigía su vista hacia la mujer pez que le seguía mirando como si llevara un escáner en los ojos.

Se acercó a las ascensores y apretó el botón siete veces seguidas a gran velocidad. Tenía práctica gracias a jugar a video juegos de deportes que obligan a presionar varios botones a gran velocidad.

Esperó.

Y esperó.

Miró las escaleras e hizo el gesto de subir corriendo por ellas cuando vio a su holograma mirarle tranquilo esperando el ascensor.

—Te hago una carrera –le dijo la imagen imaginaria de si mismo.

Se dijo que no caería en la trampa, que irían juntitos los dos en el ascensor cuando sea que éste llegara. Adopto la pose de su ángel de la guardia y empezó a silbar. Miró a su nuevo amigo y por encima de su hombro vio a la doctora observándole como si fuese un muchacho salido del manicomio. Como así era como se sentía no se le ocurrió otra cosa que guiñarle un ojo.

Cuando estaba aún centrado en el extraño flirteo, su imagen le miró y le dijo:

—Tonto el último en llegar –y salió disparada corriendo por las escaleras.

Como un tonto del bote, Manuel salió detrás de su holograma a toda velocidad. Subió las escaleras de tres en tres arrastrando la lengua por el mármol. Al llegar al segundo piso con su corazón sumido en ataque de taquicardias, entendió que había perdido la carrera y que incluso antes de correrla ya era el tonto de la película. Siempre había sido el tonto.

Se acercó al mostrador, donde una chica joven le miró extrañada.

—¿Se encuentra bien?

—Me rindo –dijo jadeante —. Estoy muy jodido.

—Perdón.

—Busco a …

—Hijo por fin estas aquí!

—Ah! —exclamó al ver a su madre vestida como si fuese a recoger el premio novel a la locura más elegante del planeta tierra.

—Menos mal que has venido, creo que tu padre necesita verte.

—Mamá, pero que le pasa, te lo suplico, dime que le pasa.

—Manu, hijo, tienes una pinta ¿Te encuentras bien?

Se giro sobre si mismo y se dirigió al mostrador.

—¿Me puede decir que tiene el señor Antonio Romero?

—¿Es usted familiar?

—Claro como no nos parecemos físicamente –dijo ofuscado.

—Hijo, ven al cuarto a ver a tu padre que el te explicará –le dijo la madre agarrándole del brazo y arrastrándolo hacia la habitación donde estaba su padre ingresado. Miro a la joven enfermera pidiéndole ayuda, pero al revés que la doctora, esta chica era inmune a sus peticiones auxilio.

—Si, vamos, que me lo explique el mismo que eso quiere decir que no está intubado y tampoco enganchado a una maquina de respiración asistida.

—Hoy te has levantado tonto.

—Si mamá, te lo vengo diciendo desde que soy adolescente, soy tonto, asúmelo.

—Anda entra y se comprensivo con él.

Entró descorazonado en la habitación, abocado a su suerte. Lo primero que encontró fue la mirada de su hermana, que también le pedía que fuese comprensivo. Se asusto, al entrar y ver que la sabana estaba elevada de cintura para abajo, con lo que no se le podían ver la forma de las piernas.

“Le han amputado las piernas”, se dijo cambiando su semblante al pánico más chillón que un ser humano podría expresar en su propio rostro.

Su hermana le reprimió con la mirada pues le acaba de pedir justo lo contrario, con otra mirada. Manuel se harto de la telepatía y los juegos de adivinanza de su entorno.

—Hola papá, no pasa nada hoy hay unas prótesis buenísimas, hay tíos que hasta corren en las olimpiadas.

—Qué dices hijo, ¿estás tonto?

Manuel miró a su hermana resignado y se tropezó con un rostro realmente enojado.

—Un mal chiste papá. Bueno ¿qué tienes? Porque no hay forma de saberlo ¿alguien lo sabe, de hecho? ¿Tu lo sabes papá? —se acercó para darle un beso en la frente.

—¿Por que le habéis dicho que venga? —preguntó el padre de Manuel a su hija. Ella respondió levantando los hombros dándole la razón “¿por qué le habíamos dicho que viniera?”

—A ver señor que está tumbado en esa cama, aquí su hijo al habla …

—Tu no quiero que sepas lo que me ha pasado.

Soltó una risa lo más falsa que se le ocurrió.

—Ni tu ni nadie.

El padre le miró fijamente, con esos ojos que denotan esa pelea mental sobre lo que tu sabes que crees que el otro sabe y viceversa.

—Manu no juegues conmigo que estoy ingresado.

—Papá, si no me dices que te pasa levanto la sabana y lo veo yo mismo.

—¿Entonces no lo sabes?

No pudo más; estiró de la sabana.

Su cara de asco le dejó sordo de los ataques de su padre y su hermana que le estaban tirando todo tipo de insultos. Dos enfermeras entraron rápidamente seguidas de su madre que se horrorizo ante la imagen en la cama.

—¿Qué pasa aquí? —preguntó una enfermera marimacho con cara de portero de discoteca.

—No sé –dijo Manuel aun con la sabana en su mano y la mandíbula que casi le tocaba el suelo.

Las piernas del padre de Manuel flacuchas estaban ligeramente separadas para acomodar una especie de cunita donde se apoyaba el pene del padre de Manuel que se proyectaba hacia adelante para bruscamente girar en ángulo de noventa grados hacia su pierna derecha, apuntando directamente hacia Manuel.

—Pero hombre ¿qué hace? –replicó la segunda  enfermera arrebatándole la punta de la sabana y volviéndola a colocar en su sitio delicadamente.

La madre se había tapado la boca.

—Saquen a mi hijo de aquí –gritó el padre —. Estás desheredado.

Manuel seguía mirando a su madre mientras ladeaba la cabeza.

—¿Qué le ha pasado?, no entiendo lo que he visto.

—¿Es usted su hijo?

—Sí –respondió Manuel a la pregunta de la enfermera.

—Lo era –contestó el padre encolerizado.

—Su padre ha tenido una rotura de pene.

—No … ¿por qué se lo dicen? –dijo el padre sollozando —. me duele.

—¿Una rotura de pene?

—Sí hijo –respondió la madre —. Virgen Santa.

—Por Dios —exclamó el padre.

Manuel estaba perplejo escuchando las evocaciones religiosas de sus padres que siempre habían denotado un ateismo ferviente.

—Esta noche ha tenido una erección mientras dormía, soñando con las mujeres de los anuncios del periódico seguramente, y se le ha salido del chisme ese que usa para que le crezca y se le ha retorcido al moverse en la cama.

Manuel puso cara de dolor.

—Su padre va a entrar en quirófano para un reparación del pene. Estamos esperando a que se le pasan los efectos de Viagra.

—Viagra —dijo la madre.

—Joder papá, también Viagra.

—¿Se recuperará? —preguntó la hermana.

—El médico ya le ha explicado a su padre que es posible que quede inutilizado.

—¿Qué quiere decir inutilizado?

—Manu joder!

El padre empezó a lloriquear.

—Es muy posible que no pueda volver a tener erecciones.

—Largo del cuarto todos! —gritó el padre.

—Antonio, es posible que con rehabilitación se pueda recuperar en parte la funcionalidad.

Mas sollozos.

Manuel se pasó las manos por la cara intentando limpiar toda la escena como un montador de cine que no esta conforme con el contenido de lo que está editando y decide pasar un trapo por encima de la película de celuloide para eliminar los contenidos.

Pero esta escena seguía ahí.

—Mejor que dejemos a papa descansar.

—Si, será lo mejor –dijo la segunda enfermera.

—Yo me quedo con vuestro padre.

—Yo también — dijo la hermana.

—No, deja a los papás solos.

La hermana le miró inquisitivamente, pero esta vez su fuerza era menor que la firmeza desplegada por Manuel. La hermana se levantó, le dio un beso a su padre y salió de la habitación frotándose lágrimas secas de las bolsas de sus ojos.

Al salir de la habitación los dos hermanos permanecieron en silencio evitando mirarse con gestos malabares.

—No es el fin del mundo –dijo Manuel.

—¿Cómo lo sabes?

—Por qué soy hombre.

—¿Y mamá?

—Según papá, hace tiempo que mamá pasa del sexo.

—Eso es lo que le dice para que no se preocupe porque ya no tiene tanta potencia.

—¿Qué?

—Manu hay cosas de mujeres que los hombres no sabéis.

—Está más claro que el agua, y parece que vosotras lo sepáis todo de los hombres, un poco injusto ¿no?

La hermana se sintió avergonzada.

Manuel vio a la doctora que le había ayudado en el vestíbulo terminar una conversación amigable con unos familiares en la puerta de una habitación al final del pasillo delante del mostrador de planta.

Levantó las cejas y recibió esa enorme sonrisa que esa mujer era capaz de desplegar en cuestión de milésimas de segundo.

—Espera, ahora vuelvo.

—¿A dónde vas?

Manuel no hizo caso y se acercó hacia la doctora que al verle venir agacho la cabeza con la sonrisa en la boca señalizando que iba a esperar su llegada de forma paciente.

—¿Quieres cenar conmigo?

Se miraron a los ojos que se movían repetidamente en espasmos de lado a lado debido a su cercanía física. Manuel permanecía serio e impasible y ella iba acrecentando su sonrisa.


3 Comentarios on “Capítulo 6, Escena 2.0: Si tu pene es el centro de tu vida, ¿qué pasa si se rompe?”

  1. 1 mikelgnz dijo a las 7:14 pm en Junio 21st, 2010:

    ya me olia yo algo de lo que le habia pasado al padre, juas juas.. ^_^ de tal palo tal astilla

  2. 2 Rafael Junquera dijo a las 7:30 pm en Junio 21st, 2010:

    Jejej, era un poco obvio, hay huecos en medio para llegar a este estado, pero no los tengo, por eso tendré inventar los pasos intermedios.

  3. 3 Mario dijo a las 6:04 pm en Junio 26th, 2010:

    Jaja la escena es peculiar aunque no creo que una rotura de pene se trate así como dice aquí


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