Cariño, me quiero independizar

Y ahí estaba el presidente de la Generalitat, en el balcón, alzando una mano con cuatro dedos y proclamando el inicio de la república catalana. Gracias a la alta definición de la pantalla, los pelos del presidente parecían los pequeños alambres de un títere.

—La alta definición se lo está cargando todo —dijo él con desgana.

—Pues cómprate una televisión que no tenga alta definición —le respondió ella con convicción.

—No sé si se puede. Además, que más da, es donde va el mundo y ya está, no hay que darle más vueltas, hace tiempo que he aceptado a ser parte de las cosas y no alguien que intenta dominarlas.

—Y que sepas que esta es la última conversación en la que te hablo en castellano. No he perdido la educación.

—Todavía.

—Ya empezamos, es increíble que no hayas entendido nada.

Se levantó del sofá. Se ajustó el pantalón y miró al recibidor donde le esperaban dos enormes maletas.

—No, la verdad es que no debo de haber entendido nada. Yo aún te quiero, y sé que tu a mi también.

—Joder Carlos. Claro que te quiero, pero un trato es un trato. Hay cosas más importantes que tu y yo.

Carlos resopló mientras a Judit le caía una enorme lágrima por la mejilla. Había intentado ser fuerte, la felicidad de empezar a vivir en su Catalunya independiente le producía una felicidad infinita que quedaba anulada por la tristeza infinita de dejar a Carlos.

Abrió la puerta de su piso de L’Example. Apretó el botón del ascensor y esperó a que llegara antes de volver a entrar a por los dos pesados bultos del recibidor.

—¿Por qué no puedes ser pro Catalunya? —le preguntó a los gritos.

Asomó la cabeza por la puerta. Negó sin saber que responder. Las palabras y razonamientos iban a ser los mismos de siempre. Iban a replicar las mismas discusiones previas a la declaración de la independencia. Los argumentos iban a ser tan opuestos que llegar a un entendimiento que salvara la relación iban a ser fútiles.

—Si en el fondo no va a cambiar nada, serán matices.

—Es que pareces ser tu la que no has entendido nada.

Todo empezó en septiembre de 2012, con la primera gran Diada a favor del derecho a decidir o la independencia. Judith había decidido colgar una estelada en el balcón.

—Que chorrada estás haciendo poniendo ese trozo de tela —le dijo Carlos para hacerse el gracioso.

Pero lejos quedó su comentario de entrar en el terreno del humor. Judith no le perdonó el comentario y tuvo que hacer penitencia varias semanas para acabar llegando a un trato.

—Carlos, en esta tenemos que estar a una —le dijo cuando por fin empezó a hablarle.

—¿Qué quieres decir?

—Yo siempre he sido independentista. Anhelo tener pasaporte Catalán y no depender nunca más de Madrid.

—Pero Madrid no es España …

—Cómo si lo fuese.

—No, España no es nada, es un grupo de comunidades, cada una con una diversidad de la que yo me siento parte. ¡Joder! mi padre era vasco, mi abuela de Figueres, mi abuelo sevillano, y yo Catalán y del Barça a muerte, con este panorama ¿Cómo voy a ser independentista?

—Porque serlo no hará que no puedas ir a Sevilla o Bilbao. Pero lo harás como Catalán, reconocido internacionalmente.

—Cariño, no puedo renunciar a ser Catalán y Español, me siento ambos casi en igualdad. Casi me siento más barcelonés que cualquiera de las otras dos.

—Por eso, Barcelona sería la capital del nuevo estado. Tendría más importancia.

—Pero yo no anhelo que tenga más importancia. Prefiero que tenga menos turismo y contaminación.

—Pues eso lo vamos a conseguir con la independencia. No te das cuenta, todo lo que dices te hace independentista, solo te falta verlo.

—Será que soy tonto y no lo veo.

—Pues será, porque es bien sencillo de ver.

—Hay mucha gente, catalanes, que no lo ven.

El silencio se apoderó del debate. Judith negaba con la cabeza.

—¿Por qué estás negando?

—No sé cariño. Necesito que sí Catalunya se haga un estado independiente lo aceptes.

—Lo tendré que aceptar, que voy a hacer irme de mi tierra. Pero que me resigne no hará que me convierta.

—Y entonces, si tenemos un hijo, ¿qué le inculcarás?

—Nada.

—Yo quiero que sea Catalán, que hable Catalán, y que no se sienta español, pero si tu reniegas …

—Yo no renegaré. No se a donde quieres ir a parar. Además, no me habías dicho que estabas contemplando no ser nunca madre.

Carlos se asustó. Un trueno sonó como un terremoto seguido de una rayo que le cegó la vista como si un fotógrafo le hubiese disparado un flash en la cara a un metro de distancia.

—¿Carlos? … ¡Carlos!

Movió la cabeza para sacarse el susto. Parpadeo.

—Dime —alcanzó a decir.

—Por Dios —dijo entre sollozos.

—Perdona cariño, no te he oído.

—¡Estoy embarazada! —repitió apartando la vista para mirar por la ventana como quien anhela fugarse volando de una situación incomoda.

Carlos miró también por la ventana. El sol lucía y el cielo estaba despejado.

—Cariño —empezó a decir —vamos a tener que resolver esto. Vamos a ser padres, no veo que la creación de un país deba ser más importante que la creación de una familia. Al final, sin familias no hay país.

—El problema es más profundo.

Carlo negó con la cabeza.

—Ese es el problema. Que no lo entiendes. No se trata sólo de ti y de mi. Estas viendo las cosas como si nuestras acciones, las de cada uno de nosotros no fuera a impactar al futuro de los futuros niños y niñas. Solo piensas en ti y eso me preocupa.

—¿Entonces no es porque no sea independentista?

—Joder Carlos, a veces creo que eres tonto.

—Pues debo serlo —dijo enojado.

—El hecho de no ser independentista, indica que eres egoísta.

—Qué curioso, justamente es lo que pienso de serlo.

El silencio volvió a apoderarse de la situación. Carlos rezó porque volviera un falso trueno a su cerebro.

—La verdad, lo mejor que podría pasar es que cayera un meteorito y destrozara este planeta.

—Que gilipollas que eres. Te acabo de decir que estoy embarazada.

—Ya pero si no sabemos llegar a un acuerdo en algo tan importante ¿Qué dice de nosotros?

—Qué lo mejor, aunque doloroso, sea independizarse el uno del otro.

—Cariño. No te engañes, con un hijo en común ya nunca seremos independientes el uno del otro.

Foto cortesía de hotblack a través de MorgueFile

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