La explotación de las letras

Se despertó a media noche sudando. Aún no llegaba a entender porque estaba soñando algo tan desagradable. Sin tiempo a intelectualizarlo una nueva arcada inesperada le obligó a vomitar la poca cena que le habían dado la noche anterior. Abrió los ojos y entendió que esta no era la primera vomitada de la noche. El suelo estaba lleno de vomito, pero era un vomito extraño. No emanaba olor alguno, su textura era sólida, una especie de amasijo de alambres negros. Se incorporó como pudo. Le dolía la tripa, y la garganta porque el paso de esos “alambres” inodoros que yacían en el suelo le había raspado en su paso por la traquea, la faringe y la laringe.

Continúa leyendo La explotación de las letras