Saliendo del armario: no me gusta el fútbol

Aquellos que han tenido la mala suerte de observarme viendo un partido del Barça, no tendrán ninguna duda sobre mi vehemente afición a este deporte llamado fútbol; además de concluir, no sin razón, que me falta un tornillo: hablo sólo y a los gritos, hago aspavientos exagerados, y sufro como si me estuviesen sacando una muela sin anestesia.

Debo confesar que yo mismo tengo mis dudas de si tantos fuegos artificiales no han sido más que una fachada para camuflar mi anti fútbol. Hoy salgo del armario para reconocer, sin tapujos, que a mi lo que me pone cachondo es ver al Barça ganar, ganar y ganar. Ver un partido de fútbol disputado, emocionante y con incertidumbre para mi equipo, me produce la misma intolerancia que los lácteos.

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