El hombre a plazos

Creo que desde siempre me han provocado cierta alergia aquellos que defienden que la vida es un suspiro y que, por ese motivo, hay que “vivirla en el presente”, en este instante, no éste, en éste. Estos personajes no se dan cuenta de que el presente, el instante presente, no existe o si existe es el más escurridizo de todos los momentos posibles; disfrutarlo es, cuando menos, complejo dadas nuestras limitadas habilidades.

El pasado, por ejemplo, es más duradero porque todo lo que sucede queda de forma infinita suspendido en ese tiempo. Está en constante crecimiento porque no dejamos de tirarle material. Por si fuera poco, se deja moldear al antojo de quien lo revive. ¿Cuántas veces habré discutido con mis hermanos sobre sucesos familiares controvertidos del pasado que cada uno ha recordado como le ha convenido?

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