Los protagonistas de la tragedia

Seguía sentado en la cafetería, esperándole, mirando por el cristal como la gente caminaba arriba y abajo cómo si nada hubiese pasado, como si nada fuese a pasar.

—Perdón por el retraso —dijo jadeando mientras retiraba la silla, apoyaba su abrigo en el respaldo y tomaba asiento.

Le hizo una seña con la mano sin dejar de mirar a través del cristal para dejarle saber que no le importaba. ¿Qué era el tiempo al fin y al cabo? Un invento del ser humano para organizar su esclavitud biológica. La otra, la esclavitud emocional, no entendía de tiempos.

—Me trae un té verde, por favor —le escuchó pedir mientras seguía ensimismado con la gente.

Notó como la mesa vibraba cuando el camarero apoyó el té. Sintió como un estruendo cuando Marcos abrió el sobre de azúcar, y le pareció experimentar un centrifugado cuando revolvió el té para intentar disolverlo.

—Bueno ¿cómo estás? —le peguntó justo antes de dar un sorbo.

Daniel retiró la vista del cristal y le observó mientras bebía un trocito de su té verde.

—¿Cómo has decidido cuando era el momento ideal para preguntarme “cómo estaba”?

Marcos apoyó la taza con cuidado en el plato. Se mojó los labios y tragó saliva.

—No sé, supongo que …

—¿Has sorbido justo el té después de lanzar la pregunta por algún motivo en concreto? ¿Es una estrategia de evasión? Lanzas la pregunta y te camuflas con el té verde. ¿Ha sido eso?

—No lo sé. Puede que sí. Yo que sé, nunca había sido elegido como confidente de una tragedia.

—Protagonista, te dije protagonista —le rectificó Daniel.

—Eso, protagonista —le confirmó Marcos— Entonces, los motivos de nuestras acciones y palabras en esta opereta van a ser una constante improvisación para los dos, por lo que, mejor no volver a hacernos ese tipo de preguntas.

Asintió.

—Ahora que te he dado la razón, y como cierre a esta parte de nuestro encuentro, voy a sorber de mi café. No te vayas.

—Aquí me quedo —respondió Marcos mientras miraba algo desconcertado a Daniel beber café frío.

—Cómo explicarlo sin que suene a que me he vuelto loco —empezó.

—Lo dicho, las reglas de esta conversación no están aún escritas —quiso allanarle el camino Marcos.

—Conoces a una persona. Te maravillan algunas de sus actitudes, no porque sean originales, sino porque se dan en el momento correcto y en el sitio adecuado. Te empiezan a atraer aspectos físicos de una persona que te está confesando que los detesta. Acabas en una relación que se inicia con mucha pasión, mucho sexo. Poco a poco se va apagando todo. No te das cuenta, o sí, pero por vago o dejadez no mueves un dedo. Dejas que el amor se ahogue mientras te mira y a los gritos te implora que lo salves. No le haces caso. ¡Jódete y muérete! Le dices con una mirada pesada y fría como un mármol.

Paró su relato.

—Puedes beber más té —le invitó —sino se te va a enfriar como mi café, como mi amor por Ana. No dejes que se te enfríe, sería trágico.

Marcos obedeció. Cómo no hacerlo, Daniel estaba convirtiendo una gilipollez en un asunto vital. No iba a ser él quien le jodiera la vida.

—Te separas. Con buenos modales. Inflando el ambiente con pequeñas frases hechas carentes de contenido: “seremos amigos”, “no es culpa de nadie, simplemente estas cosas pasan”, “el amor se apagó” —levantó la mano y pidió otro café señalando a su taza y haciendo un rodillo con su dedo índice.

Marcos empezó a sentirse un poco incomodo con el tono.

—Todo tu entorno os aplaude. Te alaban con otras frases de mierda como: “es increíble que hayáis acabado tan bien”, “que envidia que sigáis siendo amigos después de tantos años de relación”, “que bien que hayas aceptado que tu mejor amigo sea ahora su novio” …

—Espera …

—No me interrumpas —dijo soltando aire —no vuelvas a interrumpirme.

—Perdón —llegó a articular Marcos mientras bajaba la vista.

Daniel volvió a mirar por la ventana. El decorado no había cambiado, porque nada cambia.

—La gente —siguió —te habla de lo civilizados que sois y dicen tomarte como ejemplo para sus relaciones, porque para ellos que el amor se extinga no es algo negativo ¿En que cabeza cabe? Es decir, que una pareja deje que su amor se muera delante de sus narices, no es una tragedia. Al contrario, es algo noble y bonito. ¿Tu te imaginas a una madre dejando que su hijo de muera delante de sus narices? Que viéndolo agonizar, en lugar de intentar salvarlo le dijera: hijo no pasa nada, todos nos morimos. ¿Te imaginas a alguien alabando a esa madre con frases como las que antes te he descrito? ¿¡Te lo imaginas!? —dijo mientras golpeaba con fuerza la mesa con el puño cerrado.

—Daniel cálmate.

—¡No se te ocurra decirme que me calme, hijo de la gran puta! —dijo mientras sacaba una pistola del bolsillo de su americana.

—Joder —alcanzó a decir antes de notar un extraño silencio seguido de un pitido y un leve ardor en el pecho.

Marcos cayó bruscamente al suelo. Algunas personas de la cafetería salieron corriendo del local, el camarero se agachó detrás de la barra, y otro grupo de personas se amontonaban en los baños.

—Ahora Ana y el resto ya tienen su tragedia, la que yo no supe darle al romper la relación—dijo Daniel, antes de darle otro sorbo a su café y quedarse pasmado mirando por el cristal.

Imagen cortesía de wintersixfour a través de MorgueFile

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