Tengo dos papás

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Ayer llegué al colegio temprano, como siempre. Mi papá es muy previsor y siempre se asegura que llegue a tiempo para entrar a la primera clase de la mañana. En invierno me fastidia un poco tener que esperar en la puerta del colegio porque es oscuro, hace frío y estoy solo. Pero nunca me he quejado, porque sé que mi papá aún lo tiene más difícil. Él tiene que ir a trabajar para que yo pueda seguir viniendo al colegio y pueda tener siempre comida en la mesa, y libros que leer para estudiar, y unas buenas Navidades con regalos. Mi papá es mi héroe.

Pero ayer, cuando estaba quieto como una estatua en la puerta del colegio, con la punta de la nariz congelada, me di cuenta que no tengo sólo uno, sino dos papás. Lo que sucede es que ambos habitan en el mismo cuerpo. Aún no sé muy bien cómo entran y salen para turnarse un único cuerpo, pero ya lo descubriré, igual que descubrí que eran papá y mamá los Reyes Magos de Oriente. O mejor dicho, que los Reyes Magos de Oriente no existen y que, por algún motivo que aún desconozco, me mintieron para hacerme creer que cada seis de enero de madrugada venían a casa a dejarme regalos. Incluso me hacían dejarles vasos de leche caliente con galletas, cuando ya sabían que nadie se lo iba a comer. Me confundió un poco toda la situación porque siempre me habían enseñado que no debía decir mentiras y que con la comida nunca se jugaba.

Me di cuenta que tengo dos papás justamente porque las contradicciones empezaban a acumularse en grandes cantidades y me pareció imposible que una misma persona pudiera cometerlas sin darse cuenta. Así que, por ahora, la única explicación que se me ocurre es que tengo dos papás.

Uno de mis papás me riñe si me peleo con otros niños en el colegio, incluso cuando tengo motivos para defenderme, me intenta convencer de que nunca use la fuerza. Sin embargo, mi otro papá, le grita a otros conductores, a veces les insulta y se pone muy agresivo, y les amenaza con “romperles la cara”.

Uno de mis papás me dice que sea comprensivo cuando los demás se equivocan y eso me perjudica, porque a veces seré yo quien se equivoque y perjudique a otros sin querer. Mi otro papá, en cambio, no tolera un sólo error, enfurece contra todos y no tienen tolerancia ni paciencia con algunas personas, a veces ni siquiera conmigo que sólo soy un niño y aún estoy aprendiendo muchas cosas.

Tengo un papá que quiere mucho a mi mami, que le regala cosas bonitas el día de su cumpleaños o en el día de los enamorados. Y tengo a otro que parece que la odie porque le grita y da portazos cuando hablan de cosas de mayores.

Todavía no he compartido con nadie este descubrimiento, ni siquiera con mis amigos del colegio. Me da vergüenza ser el único niño con dos papás que comparten cuerpo. Tampoco me he atrevido a preguntárselo a ninguno de los dos papás que tengo por miedo a que se enfaden conmigo. Por ahora me hago el despistado.

Sin embargo, el problema más inmediato que enfrento es saber a cuál de los dos papás tengo que imitar, de cual debo aprender, a cual hago caso. Uno me dice que nunca mienta, pero el otro nos miente a mamá y a mi. Uno me dice que debo de compartir y ser generoso con los demás niños de mi clase, pero el otro es egoísta con los demás, incluso con aquellos que parecen venir de países lejanos que están en guerra. “Volver a vuestro país que aquí no se os ha perdido nada”, les grita cuando los ve en la televisión intentando cruzar alguna frontera.

Ya han pasado cinco años desde que descubrí que en el cuerpo de mi padre vivían dos personas. Cuando me enteré, me asusté un poco porque no entendía como podía pasar algo así. Sin embargo, me acostumbré más rápido de lo que pensé que sería posible. Ahora mi preocupación es saber como acomodar a la nueva persona que a veces visita mi cuerpo. Ya no tengo dudas de que también compartiré mi cuerpo con otro ser.

Gracias a mi nuevo compañero de cuerpo puedo entrar en todo tipo de contradicciones sin sentirme culpable y esto me hace ser más fuerte y completo. Ya no me molesta tanto aguantar los ataques que suelo recibir de los chicos de mi colegio. Ya no estoy sólo, ahora somos dos para defendernos. Por fin tengo un amigo que me quiere y, aunque sea un poco agresivo con los demás, a mi siempre me protege.

Hace unos 15 años que descubrí que tenía dos padres, y otros tantos años que en este cuerpo habitamos varios inquilinos. Le he intentado explicar a la juez que sólo uno de los varios que compartimos cuerpo debería entrar en prisión, pues sólo uno es responsable de haber bebido demasiado alcohol y de haber atropellado a aquel pobre peatón que, en parte, se mereció ser atropellado porque ni siquiera miró para cruzar por el paso de cebra. Como si las rayas blancas le fueran a proteger de un trompazo con un coche que circula a ochenta kilómetros por hora. ¡Qué idiota!

Me ha sorprendido la actitud de la juez, y más aún que nos condenara a todos nosotros, ya que sólo uno es culpable y el resto no tenemos responsabilidad en el hecho de habitar en el mismo cuerpo biológico. Su argumento ha sido hacernos creer que en su cuerpo, y en el cuerpo de todos los que me rodean, sólo habita una única persona.

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